¿Qué tienen en común una científica de la Universidad de la Matanza, un bajista de las Sierras Cordobesas, un jugador de fútbol de Villa Celina y una camarera de cruceros de San Isidro? Todos ellos son argentinos que, como consecuencia del COVID-19, quedaron varados en el mar Caribe donde desarrollaban sus respectivas profesiones.
En estos días, es común cruzarse con estadísticas de connacionales que intentan retornar al país desde el exterior. Sin embargo, detrás de esos números fríos subyacen hermosas historias de cientos de trabajadores argentinos que, tras ganarse la vida lejos de su país, añoran volver a ver a sus familiares y amigos.
En la Embajada Argentina en Barbados, hace varios meses que venimos atendiendo casos conmovedores de argentinas y argentinos que buscan, angustiados por la pandemia, el apoyo diplomático y consular de su país. Entre marzo y abril, facilitamos el regreso a la República de centenares de turistas que fueron sorprendidos por el coronavirus en plenas vacaciones. Pero, en las últimas semanas, nuestro trabajo estuvo enfocado en el repatrio de profesionales y jóvenes emprendedores que, sin la mano del Estado, difícilmente hubiesen podido reencontrarse con sus seres queridos en el territorio nacional.
Conocer los nombres y rostros de los protagonistas de estas “historias de varados” nos permite tomar dimensión del fuerte impacto familiar que el virus ha provocado en nuestros emigrantes. Sus vivencias representan las de tantos otros que no se rindieron y pidieron ayuda.
Mariana Costaguta es una bióloga porteña formada en la UBA que por muchos años enseñó su especialidad en la Universidad Nacional de la Matanza. Como parte de la red científica Tramil, desarrollaba tareas de investigación en medicina tradicional y popular en Martinica, una pequeña isla del caribe francés. Allí se enteró del inminente cierre de las fronteras internacionales. Sagaz y decidida, se comunicó rápidamente con la embajada en Barbados y solicitó ayuda para viajar a la Argentina y reencontrarse con su hija que la esperaba preocupada. Tras una rápida gestión diplomática, se logró repatriar a Mariana a bordo de un avión que había sido contratado por la empresa italiana Costa para el retorno de turistas argentinos. Su tenso tránsito de Martinica a Guadalupe y luego a Bridgetown fue digno de una escena de la película Argo.
Pablo Díez es un músico criado en Haedo que hace unos años se mudó a Valle Hermoso, un apacible pueblo escondido entre las Sierra Cordobesas. Sus dos grandes pasiones son cuidar la huerta familiar Aguaribay y tocar el bajo en la banda Super Ratones. A fines del 2019, decidió embarcarse en una aventura y junto a tres amigos formó el grupo “BA Quartet” para tocar a bordo del crucero Carnival Princess. Pablo quedó varado en las costas de Barbados y soñaba cada día, en su diminuto camarote, con volver a abrazar a Rocío, su hijita de dos años. Gracias a un complejo operativo de retorno organizado por la embajada argentina y financiado por la compañía Carnival, pudo llegar a Ezeiza junto a sus compañeros de trabajo. Hoy, recorre su huerta sustentable de la mano de Rocío.
Luciano Cigno es un futbolista oriundo de Villa Celina que desde hace un tiempo se gana la vida tirando gambetas en la Liga Caribeña del Fútbol. Junto a su hermano Fernando, ocupaba la delantera del Empire FC de la Premier League barbadense. Este veterano del Ascenso de Argentina, que supo vestir las camisetas de Flandria y Ben Hur, desembarcó en las costas caribeñas para convertirse en el goleador del torneo de la isla. Cuando el COVID-19 canceló por completo el fútbol local, Lucho se presentó desconcertado en la embajada. Allí, se le brindó contención y se gestionó una contribución de la Barbados Football Association para cubrir sus gastos de comida y estadía. Su repatrio parecía imposible. Quedaba solo una salida para los hermanos Cigno: que el embajador convenciera a las autoridades de la corporación Carnival de subirlos, por excepción, al vuelo charter de la empresa Azul Para felicidad de sus familias, dicha misión fue cumplida.
Florencia Ballve es una joven estudiante de turismo nacida en San Isidro que ahora vive en Pilar. Curiosa y emprendedora, hace dos años se enroló como camarera de a bordo en los cruceros de Royal Caribbean. Mientras desempeñaba tareas en el buffet del Celebrity Equinox, se enamoró de David, un colega dominicano que la ayudó a superar la angustia del encierro en altamar. Con solo 24 años, Flor debió cuidar de los “tripulantes aislados”, aquellos que debían observar una cuarentena más extendida. Cada noche pensaba en sus padres, Verónica y Mario, que la esperaban con desesperación en su casa de Zona Norte. Al igual que numerosos trabajadores argentinos que prestaban funciones en los barcos de Royal, finalmente pudo retornar al país en un vuelo de la compañía Swift, merced a un gran esfuerzo de coordinación de su empresa y las autoridades diplomáticas en Barbados.
Mariana, Pablo, Luciano y Florencia ya están sanos y salvos en su patria. Para lograrlo, solo necesitaron su pasaporte argentino.
Gustavo Martinez Pandiani
Embajador de la República Argentina en Barbados
gdm@mrecic.gov.ar